Formación

   

1. El aprendizaje
Una controversia suscitada en torno a Pedro Berruguete, es el determinar si su aprendizaje se produjo en Castilla o en los Países Bajos. El indudable débito que el estilo de Berruguete tiene del arte flamenco, puede hacer creer que la formación de pintor paredeño pudo producirse en los Países Bajos. No obstante, como bien dice Silva Maroto, este débito no asegura necesariamente la presencia de Berruguete en esta zona artística. Por aquel entonces en Castilla -sobre todo en Burgos-, estaban asentados algunos pintores flamencos que desarrollaban su trabajo artístico en este reino. Según la ya mencionada Silva Maroto y también Post, el estilo flamenco de Berruguete no denuncia su estancia en Flandes, ya que las primeras obras del pintor no se diferencian de las obras de la mayoría de pintores hispano-flamencos de formación local. 

Desde que en 1.991 Nicole Reynaud y Claudie Réssort publicasen el estudio sobre las pinturas del "studiolo" de Urbino conservadas en el Louvre y que parece demostrar la presencia de Pedro Berruguete en Urbino pintando la serie de veintiocho hombres ilustres, pero aún hay mas este estudio aclara que casi con total seguridad Pedro Berruguete llegó a Urbino no de la mano de Justo de Gante para ayudarle, sino mas años mas tarde, cuando el pintor flamenco bien se había ido o bien había fallecido, lo que resta la posibilidad de que el pintor paredeño viajase a Italia desde Flandes acompañando al pintor flamenco.

De estas hipótesis y afirmaciones puede deducirse que Pedro Berruguete recibió su primera formación en Castilla, de parte de un pintor flamenco establecido aquí. Llegados a esta disquisición se relaciona la formación de Pedro Berruguete con el salmantino Fernando Gallego, posibilidad que tampoco parece probable puesto que no hay nada en sus estilos que les una.

2. Viaje a Italia
En este apartado del viaje a Italia volvemos al punto de las hipótesis, ya que otra vez carecemos de datos que nos den alguna pista sobre como, cuando y hacia donde partió Pedro Berruguete.

Parece improbable que el destino inicial de Pedro Berruguete fuese Urbino para trabajar en el "studiolo" de Federico de Montefeltro. No parece lógico que el gran mecenas del renacimiento italiano, hombre de un gran cultura y sensibilidad artística , mandase llamar a Castilla a Pedro Berruguete para pintar en su "studiolo" por dos razones esenciales: Primera. difícilmente el duque de Urbino debía de conocer al pintor paredeño, que hasta ese momento era un pintor local. Segunda: Mas difícil resulta que un experto en arte como el propio Duque llevase a su palacio a un artista con el bagaje artístico que hasta entonces tenía Pedro Berruguete. Si bien manejaba el óleo, había otros muchos que dominaban esta técnica mejor que él. Con estos dos argumentos lo mas fácil es aventurar que Pedro Berruguete partió para Italia, aunque no para Urbino, y estuvo en alguna ciudad cuyo ambiente artístico era próximo a la obra de Federico de Montefeltro. Como por otra parte se considera que parte de la obra pictórica de Pedro Berruguete tiene aspectos de "eyckianismo" no puede parecer descabellado el aventurar que su destino fue Nápoles. Pero hay otra circunstancia que puede aclarar el destino del pintor paredeño y que no lleva a Nápoles sino a Roma.

La ciudad de Roma presentaba una situación mas favorable, en ese ciudad era mas fácil poder recomendarle, si es que contó con la ayuda de su tío dominico Pedro González Berruguete, entre la Curia o en el circulo de algún cardenal allegado a Sixto IV, incluso al propio Papa. Roma en estos momentos también vivía una época brillante en cuanto al arte y contaba con artistas de gran talla para las obras de pincel mas importantes que se llevaron a cabo en la ciudad.

3. Regreso a Castilla
Tampoco se sabe con exactitud, cuando fue el momento en que Pedro Berruguete volvió a Castilla, y mucho menos los motivos por que lo hizo. En 1483 se le registra trabajando en la catedral de Toledo, en las pinturas del Sagrario. Lo que si está claro es que Pedro Berruguete rápidamente de su regreso empieza a trabajar para personajes influyentes de la talla del arzobispo de Toledo, Pedro González de Mendoza, entonces Canciller Real de los Reyes Católicos.

Este artista después de su muerte rápidamente paso a un segundo plano (entonces la pintura era un arte menos considerado que la escultura o la arquitectura) con el sobrenombre de "Berruguete el Viejo", sombreado por el genio artístico de su hijo Alonso Berruguete. En la actualidad ha recobrado todo el protagonismo que nunca debió de perder y es muy numerosa la bibliografía que sobre Pedro Berruguete se ha escrito desde el primer tercio del siglo XX.