Europa
   

1. Mediado de Siglo XIV
En la segunda mitad del siglo XV, "el viejo continente", Europa, acaba de terminar un brutal y durísimo enfrentamiento entre las monarquías inglesa y francesa, en un intento de ambas de consolidar e imponer su hegemonía. Esta guerra había implicado en mayor o menor medida a los demás estados europeos y la historiografía la ha denominado "Guerra de los Cien Años".

 

2. Sociedad
El final de esta guerra liberó a muchos Estados de unos gastos en recursos humanos y económicos que permitió el despegue de una Europa que caminaba hacia nuevas formas de vida 

En el campo, las diferencias se debían a algún ordenamiento de origen feudal, que había generado rangos distintos, muy distantes entre sí y con mayores posibilidades para aquellos que pertenecían a los rangos superiores, pertenencia en la que el nacimiento era determinante y, en gran medida, canalizador del futuro, pues las diferencias de rango llevaban vinculadas funciones específicas; por ejemplo, la administración de justicia, así como el asesoramiento y la administración gubernamental, eran funciones ejercidas, generalmente, por aristócratas y terratenientes de tradición militar.

Por otro lado, las ciudades habían crecido y prosperado gracias a la actividad manufacturera y comercial. Sin embargo, sus dimensiones eran pequeñas; había muchas, pero con escasos habitantes. Paris contaba con unos 200.000, mientras que Venecia y Londres, por citar tres casos, no superaban los 100.000. Si el ámbito urbano era el marco fundamental en las transacciones comerciales, éstas no eran nada espectaculares, pues las ciudades que tenían ferias y mercados escaseaban. Dentro de las urbes los individuos dedicados a actividades industriales o comerciales (mercaderes, tenderos, artesanos, etc.) tenían su propia organización con la que buscaban garantizar su actividad y salvaguardar sus intereses.

Pues bien, en este entramado hay unos mecanismos que conviene destacar. Por un lado, tenemos que uno de los rasgos distintivos de la vida europea de entonces era la abundancia y el poder de las asociaciones ciudadanas que se esforzaban en lograr ventajas económicas, sociales y religiosas para sus asociados. Por otro, existía un fuerte desequilibrio entre el mundo rural y el mundo urbano; en este último se abría paso a duras penas un elemento social nuevo, considerado extraño en el contexto social predominante y que de manera inequívoca se le llamará burgués; pero su fuerza era escasa y, dada la poca entidad de las ciudades, lo normal es que éstas estuvieran en una situación de dependencia respecto a algún señor feudal, aunque no faltaban ejemplos significativos de ciudades independientes e incluso había casos en que lograron que los nobles vivieran dentro de sus muros y se integraran –con mayor o menor intensidad- en la vida urbana: tal es la situación que se observa en algunas ciudades alemanas, flamencas y, sobre todo, en las italianas, posiblemente las pioneras en este orden de cosas, dadas las peculiaridades de su proceso histórico. Igualmente, tanto en el campo como en la ciudad, existían oligarquías constituidas por familias principales, de larga tradición, imbuidas de ideales elevados, poseedoras de casi toda la riqueza y el poder, constituyendo auténticas aristocracias, celosas defensoras de su privilegiada posición y de duras actitudes y comportamientos respecto a los menos favorecidos.Arriba

 

3. Religión 
El clero renacentista, particularmente su más alta jerarquía, ajustó su comportamiento a la ética y costumbres de la sociedad laica. Las actividades de los papas, cardenales y obispos apenas se diferenciaban de las usuales entre los mercaderes y políticos de la época. Al mismo tiempo, la cristiandad se mantuvo como un elemento vital y esencial de la cultura renacentista. Además muchos humanistas se preocuparon por cuestiones teológicas y aplicaron los nuevos conocimientos filológicos e históricos para estudiar e interpretar a los Padres de la Iglesia. El acercamiento humanista a la teología y a las Escrituras se puede observar desde el erudito y poeta italiano Petrarca hasta el holandés Erasmo de Rótterdam lo que tuvo un poderoso impacto sobre católicos y protestantes. 

 

4. Arte y Cultura
El Renacimiento es el periodo de la historia europea caracterizado por un renovado interés por el pasado grecorromano clásico y especialmente por su arte. El renacimiento comenzó en Italia en el siglo XIV y se difundió por el resto de Europa durante los siglos XV y XVI. En este periodo, la fragmentaria sociedad feudal de la edad media, caracterizada por una economía básicamente agrícola y una vida cultural e intelectual dominada por la Iglesia, se transformó en una sociedad dominada progresivamente por instituciones políticas centralizadas, con una economía urbana y mercantil, en la que se desarrolló el mecenazgo de la educación, de las artes y de la música.

El renacimiento italiano fue sobre todo un fenómeno urbano, un producto de las ciudades que florecieron en el centro y norte de Italia, como Florencia y Venecia, cuya riqueza financió los logros culturales renacentistas.

Así la historia, hasta entonces prácticamente una rama de la teología, se convirtió en una rama de la literatura; los historiadores renacentistas rechazaron la división medieval cristiana de la historia, que se iniciaba con la Creación, seguida por la encarnación de Jesús, para terminar con el posterior Juicio Final. La visión renacentista de la historia también constaba de tres partes: comenzaba con la antigüedad, continuaba con la edad media y se completaba con la edad de oro, o renacimiento, que acababa de iniciarse. Mientras que los eruditos medievales contemplaban con recelo el mundo pagano griego y romano creyendo que vivían en la última etapa histórica, previa al Juicio Final, sus colegas renacentistas exaltaban el mundo clásico, condenaban el medievo como una etapa ignorante y bárbara y proclamaban su propia era como la época de la luz y de regreso al clasicismo. Esta visión era expresada por muchos pensadores renacentistas que recibieron el nombre de humanistas.

En el campo de las bellas artes la ruptura decisiva con la tradición medieval tuvo lugar en Florencia en torno a 1420, cuando el arte renacentista alcanzó el concepto científico de perspectiva lineal que hizo posible representar el espacio tridimensional de forma convincente en una superficie plana. 

Donatello, considerado fundador de la escultura moderna, esculpió una estatua de David, primer desnudo a tamaño natural desde la antigüedad. Desde mediados del siglo XV, las formas y temas clásicos volvieron a ser utilizados: los motivos mitológicos tomados de las fuentes literarias adornaron palacios, paredes, mobiliarios y vajillas. Piero della Francesca, Andrea Mantegna y Sandro Botticelli pintaron retratos de personajes de la nobleza, resaltando sus características individuales. Los ideales renacentistas de armonía y proporción culminaron en las obras de Rafael, Leonardo da Vinci y Miguel Ángel durante el siglo XVI.  Arriba

 

5. La pintura.
El cambio experimentado en la pintura europea a partir de la segunda década del siglos XV, es -así parece- el resultado lógico de los nuevos planteamientos artísticos desarrollados en los centros urbanos de Flandes y en varias ciudades italianas, principalmente Florencia.  En ambas zonas, la pintura fue logrando unos avances que con anterioridad habían conquistado la arquitectura y el resto de las artes visuales. Los planteamientos de la pintura flamenca y de la pintura del Quattrocentos italiana coinciden en la interpretación del espacio pictórico, en la aceptación de la verosimilitud y como ya se ha señalado en buscar apoyos en los logros conseguidos por el resto de las artes; diferían, en cambio, en algunas cuestiones técnicas de gran interés como la aparición del óleo en la pintura del Norte. A destacar también, que estas diferencias no supusieron un antagonismo entre las dos concepciones pictóricas, al contrario, acentuaron el interés de los artistas que trabajan en una de las zonas por conocer las novedades que presentaban los de la otra zona, lo que conllevó un intercambio de experiencias entre los pintores que enriqueció notablemente las calidad pictórica en ambos sitios.

Florencia fue, sin lugar a dudas, la ciudad donde cristalizaron las mayores innovaciones en el campo de las artes, y las experiencias pictóricas que allí se dieron a partir de 1420 supusieron el arranque de la Pintura Moderna. Los pintores y artistas florentinos impusieron toda una serie de investigaciones tendentes a conseguir un nuevo "sistema de representación" capaz de articular un espacio natural, continuo y tridimensional, en definitiva se buscaba una representación con la suficiente "verosimilitud" y consistencia que reflejara esa nueva realidad natural.

El "espacio natural" suponía contar con una figuración y un conocimiento mas preciso en la perspectiva lineal hasta conseguir una entidad y volumen que los pintores florentinos consiguieron mediante la utilización de un color cada vez más natural, y de la experimentación de los efectos lumínicos y de modelado; factores ambos que contribuyeron a la consecución definitiva de estas representaciones tridimensionales con esa apariencia natural pretendida; en clara oposición al espacio irreal, místico y simbólico, que caracterizaba a la pintura inmediatamente anterior.

Hacia 1470 la mayor parte de los pintores florentinos habían adoptado plenamente las investigaciones de los maestros de la generación anterior.